De planillas dispersas a indicadores: cómo ordenar la información

La solicitud suele llegar formulada como una herramienta: queremos un dashboard. Pero un tablero es la última etapa de un proceso, y cuando se parte por ahí el resultado tiende a ser un gráfico bonito que nadie usa para decidir.

Primero, qué decisión queremos apoyar. Un indicador existe para cambiar una conducta o disparar una acción. Si nadie va a hacer nada distinto según su valor, probablemente no valga la pena medirlo. Definir la decisión antes que la métrica ordena todo lo que viene después.

Segundo, dónde está el dato hoy. Es habitual que la misma información viva en un sistema de gestión, una planilla compartida y la cabeza de una persona, con tres valores distintos. Consolidar exige acordar cuál es la fuente de verdad para cada dato y quién es responsable de mantenerla.

Tercero, la calidad del dato. Un tablero construido sobre información incompleta o inconsistente produce decisiones peores que no tener tablero, porque agrega una falsa sensación de rigor. Esta etapa suele ser la más larga y la menos visible.

Recién entonces, la visualización. Con las decisiones definidas, las fuentes acordadas y los datos limpios, construir el tablero en Power BI o la herramienta que corresponda es la parte más rápida del proyecto. La automatización del reporte viene después, cuando ya se sabe que el contenido es correcto.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *